VIOLENCIA
Este mundo virtual se ha convertido
en un escaparate inanimado.
Se agazapa el anzuelo detrás de las vitrinas,
tienta a las criaturas que exigen su ración,
desgarra sus agallas
y las deja atrapadas
en su propio deseo insatisfecho.
Todos sentados en torno de la mesa
repartiendo comida con luces apagadas
para que no se puedan
comparar las raciones.
Algo ha quedado por hacer:
recoger lágrimas perdidas,
frutos que brillan
cuando germinan en una mano abierta,
enterrar a la muerte por encargo.
En las esquinas llueve cada día.
No es el agua el que cae,
son las esquinas
edificando un nuevo país horizontal
dónde resbalan los seres inocentes.
En las mesas camilla, a la hora de cenar,
cada vez hay más platos vacíos.
(Plaza sitiada, 2.014)