escuela elemental

POEMA


El poema no necesita lápiz ni papel,

cerebros electrónicos,

altavoces en la plaza mayor.

Se teje en la clausura

del alma monacal.

Agua y sal para regar las horas,

pico y pala para horadar la piedra.

Lentamente, surge el mágico hilo

de la tela de araña

que nos lleva hasta el centro,

vueltas y vueltas de sutiles maromas

envolviendo la tierra en suave manto.

Si consigue

rebobinar las almas, una a una,

arar el verso, sin esquirlas,

acariciar el hiato de mutilados miembros,

envolver entre nubes de serventesios y cuartetas

el poder y la rabia,

cubrir de exvotos

el altar de los poetas muertos,

se habrá editado el sacrificio

y nuestros hijos heredarán la tierra.



                                                        (Escuela elemental, 2.007)