PROHIBIDO RESPIRAR
El mar ya no es azul.
Es rojo y duele.
La esperanza, el anzuelo.
La presa, la criatura sin refugio.
El aire es tan escaso que se guarda
envuelto en cada lágrima.
Avanzan las pateras atestadas
con sus playas a bordo,
con sus costas, su arena, su impotencia.
Sólo los niños, callados como peces,
quieren seguir jugando con sus sueños,
saltar a la comba con una cuerda imaginaria
que se estira y se encoge
igual que una frontera.
De pronto se estrellan contra un suelo
que ni siquiera existe.
Prohibido respirar
el aire que sobra al otro lado.
(Prohibido respirar, 2018)